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Cómo saber qué tipo de suelos tenemos en el jardín

Este artículo es original de Fernando Rivero Buxo de Personal GARDEN Shopper

Vídeo sobre cómo saber que tipos de suelos tenemos en el jardín

En el vídeo vemos de una forma práctica cómo podemos saber los tipos de suelos que tenemos en nuestro jardín en función de su textura, característica muy importante a tener en cuenta.



Tipos de suelos

Un suelo puede describirse y clasificarse en base a varios parámetros:

Por sus características físicas; textura, estructura y porosidad, color y temperatura.

Por sus características químicas, que son pH y salinidad.

Por sus características biológicas.
En cuanto a sus características físicas, la más importante es la textura, donde las partículas del suelo como arena, limo y arcilla se asocian entre sí para formar suelos Al mismo tiempo que lo hacen a unidades de mayor tamaño.

La estructura del suelo afecta directamente a:

La aireación.

La cantidad  y movimiento del agua en el suelo.

La conducción térmica.

El crecimiento radicular.

La resistencia a la erosión.
Las plantas dependen del suelo para obtener el agua y los nutrientes necesarios para un adecuado funcionamiento de las raíces.

Es importante que el suelo incluya el espacio poroso para el crecimiento radicular y oxígeno para la respiración.

A excepción del carbono y del oxígeno que las plantas toman de la atmósfera a través de las hojas y del hidrógeno que lo obtienen del agua, el resto de los elementos químicos imprescindibles para el desarrollo de las plantas, elementos esenciales o nutrientes esenciales, son obtenidos del suelo en formas químicas simples disueltas en el agua.

En función de las necesidades de las plantas, los nutrientes se clasifican en macronutrientes (aquellos que las plantas necesitan en grandes cantidades) y micronutrientes (aquellos que las plantas necesitan en pequeñas cantidades). En la actualidad hay reconocidos 18 elementos esenciales:

Macronutrientes: Carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio y azufre.

Micronutrientes: Cloro, boro, molibdeno, hierro, cobre, manganeso, cinc, níquel y cobalto.
Tenemos un artículo y vídeo consejo que te puede inetresar también ➜ Cómo identificar la carencia de nutrientes en las plantas.

Cómo identificar la Carencia de Nutrientes en las Plantas


Textura del suelo

La textura es un término que expresa de forma sintética las características del suelo que dependen del tamaño de sus partículas.

Un perfil de suelo puede contener desde fragmentos de roca de más de 1 m hasta partículas minerales microscópicas de tamaño inferior a 0,001 mm.

Las partículas de un suelo se separan habitualmente según su tamaño, en 3 fracciones granulométricas:

Arena.

Limo.

Arcilla.
Existen varias clasificaciones para separar estas fracciones. Las más utilizadas son la del Departamento de Agricultura de EE.UU (U.S.D.A.) y la de la Sociedad Internacional de la Ciencia del Suelo (I.S.S.S.). Ambas clasificaciones suponen los elementos minerales de forma esférica, dando los tamaños de sus diámetros, coincidiendo en los límites superiores de 2 mm para arenas y de 0,002 mm para arcillas.

Al hablar de la textura del suelo, nos estaremos refiriendo por tanto, al tamaño de las partículas sólidas inferiores a 2 mm.

Las partículas de tamaño superior a 2 mm se consideran fragmentos gruesos del suelo, clasificándose a su vez en:

Piedra.

Roca.

Grava.
Para que nos sirve saber los tipos de suelos que tenemos en nuestro jardín

De cómo sea la composición granulométrica se pueden deducir características y propiedades directamente relacionadas con el uso y comportamiento del suelo como:

Capacidad de retención de agua disponible para las plantas.

Facilidad para la circulación del agua en el suelo.

Riesgo de formación de costra superficial: esta costra dificulta la entrada de agua en el suelo y la nascencia de la planta.

Facilidad para el laboreo.

Riesgo de erosión por agentes medioambientales como el agua o el viento.

Capacidad de almacenamiento de nutrientes en el suelo.

Facilidad o dificultad para el desarrollo radicular.
¿Es un problema tener piedras en el suelo del jardín?

En ocasiones, pensamos que la presencia de algunas piedras en una tierra de jardín, de un tamaño no muy grande (menor a un puño), deteriora la calidad de un suelo pero esto no es así.

Las piedras de tamaño moderado no impiden el desarrollo del sistema radicular sino que colaboran en la aireación del suelo y en el mantenimiento de su temperatura.

Por ello, no es imprescindible retirarlas de las zonas de plantación, macizos, setos, etc.

Si es necesario retirarlas en cambio, en la capa superficial del césped, pues puede afectar a la labor de siega. Un truco para su eliminación es pasar un rulo para que en la compactación queden clavadas en la tierra.

¿Que es la textura de un suelo?

La textura de un suelo se determina por el estudio de su granulometría, una vez eliminadas las partículas gruesas.

La granulometría es la proporción relativa de arena, limo y arcilla que posee el suelo.

Para representar las clases texturales de un suelo se utilizan diagramas triangulares de textura, donde se representan los porcentajes de arenas, limos y arcillas.

El diagrama más utilizado es el del U.S.D.A.:

Tipos de suelos textura


Por ejemplo, un suelo que posea un 50 % de arcilla, un 25 % de arena y un 25 % de limo se clasifica como de textura arcillosa.

Dentro de cada clase textural quedan agrupados suelos que, aunque tengan distintos porcentajes de arena, limo y arcilla, tienen comportamientos análogos frente al agua y respuesta de las plantas.

El suelo ideal para el cultivo de las plantas, es el suelo franco, en algunas regiones también llamado suelo margoso.

Para determinar de manera precisa la textura de un suelo es necesario conocer la proporción de arena, limo y arcilla. Para ello, es necesario tomar una muestra representativa de de la tierra a analizar y realizar un análisis físico en un laboratorio especializado.

Tipos de suelos según su textura

Suelos pedregosos: contienen más de un 20 % de elementos gruesos (> 2 mm) y menos de un 18% de limo + arcilla del total de la muestra de tierra. Estos suelos pueden resultar negativos porque dificultan algunas labores y no retienen bien el agua ni los nutrientes.

Suelos arenosos: contienen más de un 70 % de arenas. Son suelos ligeros, aireados, fáciles de labrar, con buen drenaje de agua, pero retienen poco agua y nutrientes.

Suelos limosos Suelos limosos: contienen más de un 60 % de limo. Su fertilidad depende de que se forme o no una buena estructura en el suelo que favorezca unas buenas relaciones aire/agua, al igual que ocurre en los suelos arcillosos.

Suelos arcillosos: contienen más de un 45% de arcilla. Estos suelos suelen ser muy pesados y tener problemas de encharcamiento y falta de aireación. Tienen alta capacidad de retención de agua y nutrientes.

Suelos francos: contienen porcentajes bastante equilibrados de arena, limo y arcilla. Son suelos ligeros, aireados, permeables y al mismo tiempo, con buena capacidad de retención de agua y nutrientes. Son por tanto, los mejores suelos para la jardinería.
Compactación del suelo

La compactación del suelo es un problema importante en todos los tipos de suelos en jardinería.

La compactación del suelo no es más que una reducción progresiva de los poros existentes en un suelo, esto conlleva una importante disminución de su capacidad para retener agua y retener aire, todo el espacio es ocupado por la fracción mineral.

Ello produce que el sistema radicular no pueda desarrollarse adecuadamente, al no poder explorar suelo por la falta de huecos no puede crecer, si además no encuentra el aire y el agua que necesita para vivir hace que la planta no puede vivir adecuadamente.

Este problema se ve agravado por la falta de vida en el suelo, debido al uso intensivo de herbicidas, abonos químicos, fitosanitarios, etc.

El problema de la compactación de los suelos es especialmente importante en especies que viven mucho tiempo en la misma ubicación;

Los arboles, especialmente los arboles mas añosos.

Los céspedes que reciben a diario una importante cantidad de agua que además de lavar el terreno de materia orgánica compacta paulatinamente el suelo.

Las zonas de los jardines muy utilizados por el público.

Zona de pasos de vehículos, etc.
La solución a este problema conlleva la realización de labores adecuadas de mantenimiento, especialmente labores de aireación, así como conseguir mantener unos niveles de materia orgánica adecuada, que asegure la vida del suelo.

Importancia de la materia orgánica en todos los tipos de suelos

No hay que olvidar, que la materia orgánica juega un papel muy importante mejorando cada tipo de suelo:

Los suelos arenosos con un elevado contenido en materia orgánica aumentan su capacidad de retención de agua y nutrientes.

Los suelos arcillosos con un elevado contenido en materia orgánica aumentan su velocidad de infiltración del agua y la aireación, al hacerse el suelo más esponjoso y aumentar su porosidad.
Modificación de la textura de un suelo

También es posible, modificar la textura de un suelo mediante la realización de enmiendas, esto es mediante el aporte de los materiales que faltan para conseguir una textura adecuada.

Es necesario en primer lugar el aporte del material en cuestión y tras ello se debe proceder a la mezcla y homogenización del aporte realizado, habitualmente mediante el labrado del suelo.

Suelos arcillosos

Como hemos mencionado anteriormente, los suelos arcillosos suelen presentar problemas de drenaje. Para reducir este problema podemos utilizar los siguientes métodos:

Aportar arena. De este modo, aumentamos la porosidad del suelo. En jardinería es muy útil y empleado ya que mejora enormemente la calidad del suelo para el correcto desarrollo de las plantas.

Instalar tubos de drenaje para facilitar la expulsión del agua sobrante.

Controlar el riego excesivo.

Realizar buenas prácticas de laboreo.

Facilitar las pendientes para la evacuación del agua.

Puede aportarse materia orgánica para aumentar la esponjosidad y aireación del suelo. En este caso de suelos arcillosos siempre es mejor eso sí, aportarla mezclada con arena.

Elegir especies más resistentes a las condiciones asfixiantes de estos
suelos, como los chopos, abedules, fresnos o el bambú, por ejemplo.
Suelos arenosos

Los suelos arenosos tienden a secarse muy rápido, por
lo que debemos realizar riegos más cortos pero más frecuentes.

Son suelos más pobres, por lo que hay que enriquecerlos aportando abonos
minerales complementarios.

Aportando materia orgánica.
Incremento del nivel de materia orgánica

El contenido optimo de materia orgánica en un suelo debe rondar el 5%, habitualmente muchos de los suelos de las zonas verdes no alcanzan este valor.

Para solucionar este déficit se hace necesario el aporte de materia orgánica, bien en forma de mantillo o bien de compost.

La cantidad a aportar por metro cuadrado, estar en función de tipo de materia orgánica utilizada y del nivel de materia orgánica inicial del suelo, valor que se obtiene al realizar un análisis del suelo.

Tras el aporte y extendido de la materia orgánica, debe procederse a la incorporación de esta al suelo mediante una labor de cava, con motocultor, tractor, etc.

En el caso del césped la incorporación se consigue, porque la aportación se realiza tras un escarificado o un aireado, que rompe el suelo del césped permitiendo que la materia orgánica se incorpore al suelo.

Extructura y Porosidad

La estructura es la forma en que se agrupan las partículas del suelo para formar unidades de mayor tamaño, llamadas agregados, y el espacio de huecos o poros asociados a ellos.

Tipos de estructura:

La estructura se clasifica en función de la forma y aspecto de los agregados.

Estructura de grano suelto: En este tipo de estructura no existen agregados. Es una estructura típica de suelos arenosos, que proporciona al suelo una alta aireación pero una baja capacidad de retención de agua.

Estructura maciza o fundida: en este caso el suelo es un bloque, no hay fisuras ni existen agregados diferenciados. Se trata de una estructura típica de suelos arcillosos con poca materia orgánica. El agua queda retenida en suelo formándose un lodazal. Posteriormente, al secarse el suelo, pueden aparecer profundas grietas de retracción.

Estructura fragmentaria: es la considerada verdadera estructura, presentando agregados de formas y dimensiones variadas.
Que procesos pueden disminuir la estabilidad del suelo

La estructura del suelo no es una característica inamovible, de hecho de forma natural la misma va variando.

Pero lo que es más habitual es que un deficiente manejo del suelo, suponga una disminución de la estabilidad estructural del suelo, con los consiguientes efectos negativos que para la vida del suelo y por tanto para la vida de las plantas que con el se relacionan.

Los procesos que pueden disminuir la estabilidad de los tipos de suelos son:

Labores excesivas o inadecuadas, algo habitual en algunas partes de las zonas verdes.

Hidratación brusca seguida de una desecación rápida, cuando la gestión del riego no es la adecuada Falta de actividad biológica en el suelo.

Por uso excesivo de abonos químicos, herbicidas, pesticidas, etc.

Golpeteo del agua en la superficie del suelo, especialmente sobre suelo desnuda, aunque el efecto también se puede producir en espacios como césped, donde existe un golpeo diario del agua sobre el suelo, produciendo una fuerte compactación del mismo.

Continuidad en el cultivo de especias intensivas o muy repetitivos, especialmente si no se realizan aportes periódicos de materia orgánica.
Infiltración

La cantidad de agua que penetra en el suelo es función del balance entre la intensidad de la precipitación y la capacidad del suelo para infiltrar el agua.

La intensidad de precipitación está asociada a condiciones climáticas.

La velocidad con la que el agua penetra a través de la superficie del suelo se denomina velocidad de infiltración.

Cuando el suelo está seco, la velocidad de infiltración inicial es muy alta y representa una entrada rápida de agua para llenar los poros vacíos.

Posteriormente, la entrada está definida por la velocidad de infiltración, siendo alta si existen poros grandes que transporten el agua desde la superficie del suelo hacia el interior.

La velocidad de infiltración varía en el rango de más de 200 mm/hora en suelos arenosos a menos de 5 mm/hora en suelos muy arcillosos.

Cuando la superficie del suelo se compacta o se rompe la continuidad de los poros por la formación de costras se reduce enormemente la capacidad de infiltración.

El agua se acumula en la superficie del suelo y una vez rebasa la capacidad de retención de éste, comienza a fluir en forma de escorrentía si hay pendiente o produce encharcamiento si la superficie es plana.

Color de los suelos

El color del suelo permite deducir en parte la composición y propiedades del suelo.

Depende de la composición y régimen de humedad del suelo. El color de suelo es muy variable tanto en los diferentes estratos, como en la capa superficial del suelo.

Los factores más influyentes e indicativos en el color de un suelo son:

Materia orgánica: los suelos son más oscuros a medida que aumenta el contenido en materia orgánica.

Régimen de humedad: los colores grises o grises con moteado se deben a un encharcamiento, por la falta de oxígeno.

Naturaleza del material mineral de origen: colores gris claro o blanco indican depósitos de caliza, eflorescencia de sales, etc.

Topografía: en las vaguadas los colores suelen ser más oscuros por la acumulación de materiales, mientras que en las laderas, los colores suelen ser más claros por el lavado.

pH: suelos ácidos pobres en Calcio (Ca2+) y materia orgánica a menudo son de color claro.
Clasificar un suelo por el color es una labor arriesgada, ya que esta característica puede variar por muchos factores, presencia de ciertos minerales, oxidación de los minerales, etc.

Lo ideal es realizar un análisis de suelo para conocer con exactitud todas sus características.

No siempre los suelos oscuros son de calidad, como la mayoría de la gente piensa.

Temperatura del suelo

La temperatura del suelo está relacionada con la temperatura atmosférica y también sufre variaciones con las horas, los días y las estaciones.

La temperatura de un suelo influye en la formación y evolución del mismo, en la vida microbiana y en la de las plantas o vegetales superiores.

Las semillas necesitan una determinada temperatura para germinar, según las distintas especies; las raíces sólo tienen buena actividad y se desarrollan en profundidad cuando la temperatura del suelo alcanza un determinado nivel.

Factores que afectan a la temperatura del suelo:

Localización geográfica y topográfica: la temperatura depende de la altitud, orientación y latitud. A mayor altitud, las temperaturas del suelo disminuyen con la temperatura atmosférica. En latitudes medias se alcanzan mayores temperaturas.

Nubosidad y humedad atmosférica: amortiguan las temperaturas. Se reducen las pérdidas del calor del suelo por la noche.

Vientos prevalentes: vientos secos o fríos disminuyen la temperatura del suelo. Por el contrario, vientos cálidos aumentan la temperatura.

Cobertura del suelo: La cubierta de vegetación amortigua las temperaturas. Es una técnica muy utilizada en jardinería.

Color del suelo: los suelos más oscuros absorben más radiaciones y aumentan más su temperatura.

Contenido de humedad del suelo: los suelos secos se calientan más que los húmedos.

Variaciones horarias, diurnas y estacionales.
Características químicas de los tipos de suelos

Las características químicas más importantes de un suelo son el pH y la salinidad.

pH

El pH es una medida que refleja el grado de acidez o basicidad de un suelo y que depende del resultado de múltiples equilibrios químicos que se producen en el mismo.

Afecta principalmente a la disponibilidad de nutrientes esenciales y la toxicidad de otros elementos.

El pH se expresa con un valor entre 0 y 14. En el 95 % de los suelos está comprendido entre 5 y 8,5.

Este valor permite clasificar los suelos en ácidos, neutros y básicos o alcalinos.

pH del Suelo:

< 4,5 Extremadamente ácido

4,5 –5,5 Fuertemente ácido

5,6 –6 Medianamente ácido

6,1 –6,5 Ligeramente ácido

6,6 –7,3 Neutro

7,4 –7,8 Medianamente básico

7,9 –8,4 Básico

8,5 –9 Ligeramente alcalino

9,1 –10 Alcalino

10 Fuertemente alcalino
*Clasificación de los suelos según el valor del pH (U.S.D.A.)

Carencias plantas según Ph


Influencia del pH en el comportamiento del suelo

El pH condiciona el desarrollo de los cultivos al incidir en procesos de mineralización y humificación, en la absorción y disponibilidad de diversos nutrientes y por influir en la existencia y actividad de los microorganismos.

El pH ejerce una gran influencia en la asimilación de elementos nutritivos.

El intervalo de pH comprendido entre 6 y 7 es el más adecuado para la asimilación de nutrientes por parte de las plantas.

Los microorganismos del suelo proliferan con valores de pH medios y altos.

Su actividad se reduce con pH inferior a 5,5.

Cada especie vegetal tiene un intervalo de pH idóneo. En consecuencia, el pH es un valor determinante para la correcta elección de especies a implantar en un suelo.

Las plantas ornamentales presentan en muchos casos una alta sensibilidad al pH del suelo, lo que significa que solo prosperan en suelos con pH adecuados. En muchos casos, plantas de climas muy húmedos que suelen tener suelos de pH ácidos no se adaptan a vivir en zonas más cálidas, no tanto por el clima o por falta de riego, sino porque los suelos tienden a ser más básicos, esto es tienen un pH más alto. Existen, sin embargo, algunas otras plantas que son capaces de vivir en suelos con diferentes valores de pH.

Propiedades de los suelos ácidos

Los suelos con pH ácido se consideran desfavorables para el desarrollo de la mayoría de las plantas, aunque existen numerosas especies en jardinería aptas para estas condiciones de acidez.

Las principales características de estos suelos son:

Son desfavorables para el desarrollo radicular y la actividad de los microorganismos,.

Algunos nutrientes esenciales como el Fósforo (P), el Calcio (Ca), el Molibdeno (Mb) o el Magnesio (Mg) no se asimilan con facilidad.

Los microelementos imprescindibles para la alimentación de las plantas en cantidades pequeñas se encuentran en concentraciones demasiado elevadas, por lo que pueden resultar tóxicos para las mismas.

Presentan elevadas cantidades de Hierro (Fe); incluso puede producir toxicidad por exceso.

También abundan otros microelementos como el Manganeso y el Zinc.
Propiedades de los suelos neutros

Los suelos neutros se consideran adecuados para el desarrollo de la mayoría de las plantas y para la asimilación de nutrientes de la mayoría de los nutrientes.

Propiedades de los suelos básicos o alcalinos

Son algo más favorables para el desarrollo de las plantas, que los suelos ácidos.

Pueden presentar problemas de asimilación de algunos nutrientes esenciales para la planta como el Hierro (Fe) y el Potasio (K) debido al antagonismo que se produce entre algunos elementos presentes en estos suelos en altas concentraciones como el Calcio (Ca) y el Magnesio (Mg) respectivamente.

Para pH demasiado altos (≥ 8,5) el Sodio (Na) presente en el suelo estará en concentraciones altas, pudiendo ocasionar problemas en la impermeabilidad del suelo, la compactación,… y en general para la nutrición de la planta.

Existen plantas indicadoras del pH, puesto que son muy exigentes con el nivel de pH en el suelo. Así azaleas, rododendros y hortensias nos indican suelos ácidos de pH bajo. Adelfas, laureles, boj, hibiscos son algunas plantas indicadoras de suelos con pH básico.

Corrección del pH de un suelo

Un suelo alcalino suele inducir en las plantas deficiencias de Hierro, Manganeso o Zinc produciendo clorosis en la planta.

Para corregir estas carencias podemos aplicar Quelatos de hierro, turba rubia o azufre en polvo.

También podemos bajar el pH usando abonos acidificantes como el nitrato amónico o el sulfato amónico, y añadiendo materia orgánica, por ejemplo mantillo al suelo.

Por el contrario, para reducir la acidez, deberemos aplicar cal Aportar mantillo o compost a un suelo, también a un césped, hace mejore la textura de un suelo, aumenta su capacidad de retención de agua y nutrientes, mejora el pH, y además aporta nutrientes el suelo SIN PRODUCIR contaminación a diferencia de los abonos químicos y sin necesitar más de un aporte anual.

Salinidad

Un suelo es salino cuando tiene exceso de sales solubles, impidiendo o dificultando el desarrollo normal de las plantas al provocar que las raíces no puedan absorber el agua.

La salinidad de un suelo viene determinada por la conductividad eléctrica (CE) del mismo.

La conductividad eléctrica de un suelo es la medida de la cantidad de corriente que pasa a través de la solución de un suelo y es proporcional al contenido de sales disueltas en dicha solución. La conductividad eléctrica se expresa en deciSiemens / metro (dS/m) o en milimhos / centímetro (mmho/cm); (1 dS/m = 1 mmho/cm), siendo: CE < 2 dS/m CE < 2 dS/m Suelo normal CE > 2 dS/m CE > 2 dS/m Suelo salino

En climas húmedos, donde llueve mucho, es raro que haya suelos salinos, puesto que las sales son lavadas hacia capas más profundas y no afectan a la zona de las raíces.

En climas secos, son más típicos ya que no existen esas lluvias abundantes que arrastren las sales.

Corrección de la salinidad de un suelo

No es frecuente encontrar suelos salinos, pero si ocurre, debemos tener en cuenta los siguientes recursos para reducir esa salinidad:

Utilizar especies resistentes.

Regar más de lo habitual para facilitar el lavado de las sales en profundidad y alejarlas de la zona radicular de la planta.

Controlar el agua de riego. Debemos evitar aguas salinas.

Aportar Calcio para sustituir al Sodio, causante de la salinidad. Puede aplicarse en forma de yeso, azufre o con productos “correctores de salinidad” existentes actualmente en el mercado.

Inundar las zonas verdes de vez en cuando es un buen sistema para el lavado de las sales depositadas por el riego habitual.
Características biológicas de un suelo

Las propiedades biológicas están asociadas a la presencia de materia orgánica y de formas de vida animal, tales como microorganismos, lombrices e insectos.

Las propiedades biológicas de un suelo son muy importantes ya que influyen en procesos de descomposición y mineralización de materia orgánica estimulando la actividad biológica de los microorganismos, estimulan el crecimiento vegetal, favorecen la descomposición de componentes minerales insolubles para ponerlos a disposición de la planta, etc.

Todo ello es imprescindible primero, para que las plantas encuentren en el suelo el alimento que necesitan; segundo, para que este alimentos sean transformados en formas accesibles para la planta y tercero, para que en colaboración con hongos y baterías del suelo, este alimento sea accesible a las raíces de las plantas.

Existen varios enemigos que hacen que la vida en el suelo disminuya, con la correspondiente dificultad para alimentarse de las plantas que en el viven, los principales son:

Uso continuado de abonos químicos, incrementan los niveles de sales, detrayendo la vida del suelo.

Uso de herbicidas y fitosanitarios, estos no solo afectan a la vida encima del suelo, sino que actual de la misma manera bajo este, afectando a la vida del suelo.

Laboreo excesivo, este afecta a la estructura que a su vez deriva en una disminución de los poros del suelo y por tanto de los espacios para que se desarrolle la vida en el suelo.
Abonado y mejora del suelo con materia orgánica

El aporte de materia orgánica, mediante mantillo de calidad, abonos orgánicos no minerales, ácidos húmicos, etc., es uno de los más eficaces mejoradores del suelo ya que no solo aumenta en nivel de nutrientes (tanto macronutrientes como micronutrientes) del mismo, sino que mejora su estructura, equilibra su pH, corrige su salinidad, aumenta la permeabilidad del suelo, aumenta y mejora la vida del suelo etc. Es aconsejable y barato realizar abonados orgánicos periódicamente en nuestro jardín y especialmente es interesante realizar un abonado de fondo orgánico con fuertes dosis (4-6 litros/m2) antes de establecer nuestro jardín

Las características originarias de la tierra de un jardín, pueden ser corregidas y cambiadas mediante lo que se denominan técnicas de mejora del suelo, de manera que en función de las plantas que vayamos a utilizar y de las características de la tierra de la que partamos, será necesario realizar en ella más o menos mejoras, con el coste económico que ello conlleva.

Pequeñas mejoras en un suelo pueden dar lugar a plantas de una calidad notablemente mejor.

Muchas gracias!

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