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El otoño y los árboles frutales

Sección: arboles > frutales | Autor: Redacción/facilisimo.com | Leído: 1.560 |Comentado: 0

fruto del madroñoJunto con la llegada del otoño, aparecen las heladas, los días más cortos y las noches más perezosas; nos replegamos de la terraza al salón y se caen las hojas de nuestras plantas y árboles. Estos síntomas ¿post veraniegos¿ afectan especialmente al jardín, ya que el frío fomenta ciertas enfermedades y la ausencia de luz provoca estragos en sus sensibles fibras fotosintéticas.

Al igual que unos animales hibernan más que otros, existen especies que perciben con mayor contraste la escasez de calor y energía del sol. Los frutales, por sus componentes energéticos, precisan de una gran absorción de luz y calor. Estos árboles, cuya floración está condicionada por el clima de los lugares donde habitan, se ven frecuentemente afectados por enfermedades derivadas del otoño, algo que se puede solucionar a través de un tratamiento que detallamos.

Estaciones de cambio

mandarinoEl crecimiento de los frutales está determinado por la evolución de las temperaturas, lo que establece en su fase de desarrollo dos periodos de tiempo: la que podríamos llamar fase vegetativa, desde el inicio de la primavera hasta la llegada del otoño. Es el momento en el que las plantas renacen, florecen, vuelven a brotar las hojas y se llenan de color con los frutos. Termina con la vuelta a los colores terráqueos y con la desnudez en sus ramas.

Comienza entonces la segunda etapa; es la fase de reposo. Desde finales del verano hasta una nueva primavera, los árboles no muestran función aparente porque permanecen dormidos. La actividad vegetal se mantiene inoperante y las yemas bien cerradas, esperando los momentos cálidos en los que el árbol volverá a la vida activa.

guindoEn este contraste continuo entre frío y calor, existe un balance interno que lleva a cabo la propia planta; es ella quien regula su crecimiento y establece lo que más le conviene y lo que no. Sin embargo, a pesar de esta autonomía, siempre ejercerán influencia sobre ella algunos factores externos, especialmente los climáticos, que dan instrucciones sobre cómo y cuánto debe crecer el vegetal.

Cuando el árbol nota calor, activa su crecimiento vegetativo; sin embargo, cuando llega el frío y se encuentra en el momento de reposo, tiene lugar la caída de las hojas. En el otoño, el frutal es más susceptible ante las enfermedades, pues se abre una herida justo en el punto en el que se ha desprendido la hoja de la rama. Ésta se convierte en una entrada perfecta para infecciones imperceptibles que pueden dañar a las ramas.

Vacunas preventivas

Los hongos son muy frecuentes en el otoño y pueden llegar a deteriorar por completo nuestro árbol. Para que esto no ocurra, es necesario realizar un tratamiento que los mantenga lejos del frutal y así evitar su putrefacción. Con la llegada de las buenas temperaturas, las lluvias y la humedad adecuada, estará protegido de focos de infección, algo que además de abaratar los costes de cuidarlo, contribuirá a la preservación del medioambiente.

ciruelo madroño

El método a seguir es sencillo:

  • naranjoEmplear productos que contribuyan a la activación de mecanismos naturales de defensa de la propia planta, como el empleo de compuestos ricos en cobre.
  • Llevaremos a cabo el tratamiento cuando se hayan caído la mitad de las hojas, si se trata de un frutal de pepita, y cuando se desprenda el 75% de las mismas en el caso de los frutales con hueso.
  • Es recomendable añadir a la tierra los mismos pétalos caídos, ya que actúan como vacuna biológica, ayudando a la autodefensa del árbol e inactivando hongos y demás contagios.

El níspero

níspero del japónComo ejemplo, hablamos del proceso a seguir para el cuidado de un níspero durante el otoño, pues se ve afectado por un hongo muy frecuente en ciertos frutales como es el hongo moteado. Éste provoca colores difusos y manchas en sus hojas y frutos.

Para prevenir la aparición de este espécimen, hemos de procurar quitar los frutos y brotes que vayan secándose en sus ramas y que no queden parcelas deshabitadas a su alrededor, ya que disminuye la eficacia de las operaciones de cuidado y aumenta el riesgo de que este hongo siga atacando.

A partir de ahora, al llegar el tiempo de chaquetas, bufandas y gorros de lana, pensemos en la particular ropa de abrigo que necesitan nuestras plantas para evitar los enfriamientos del invierno y recrearnos con el sabor de sus frutas en verano.

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