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Juegos Vegetales

Juegos vegetales:
Cuando hablamos de las plantas, siempre lo hacemos refiriéndonos a algunos de los beneficios que nos brindan: la alegría que nos da tenerlas, sus usos medicinales, sus frutos, su sombra, su madera, que el caucho, que la flor, que el perfume……………

Pero he estado recordando otro beneficio, que por mucho tiempo me fueron dando en mi infancia y si me tienen un poco de paciencia, se los cuento, bajo este título: JUEGOS VEGETALES, a sabiendas que ese título no es del todo acertado, pues los fui utilizando según mis necesidades infantiles, diversas, por cierto.

Y acá van algunas historias:

Posicionarme ante los otros: yo era feliz, inmensamente feliz cuando nos íbamos al campo de mis tíos. La casa, inmensa, pero grande lo que se dice grande!!!!!!! Tíos maravillosos y la mar de plantas, de árboles y hasta un molino que con el viento se quejaba musicalmente.

Y a caballo llegaban chicos de mi edad, eran las vacaciones, para jugar en ese edén familiar. Y allí pagaba tributo amargo  mi condición de citadina. Mi ignorancia en cien cuestiones provocaba las risas y bromas sangrientas.

Hasta que la cosa ya no me gustó. Y charlando con mi padre (sabio y bueno como pocos) él encontró la solución. Me dijo: _¿Por qué no hacés un campeonato de hojas de ortiga? El que logre tomarlas sin que le arda, gana.

Y me enseñó cómo debía encarar la ofensiva hoja para que no me pinchara, ardiera o como se llame la venganza que se toma ante el osado que la toque. Y así lo hice. ¡Esa siesta fue magnífica!

Todos los grandes conocedores del ambiente quedaron “bellamente” ortigados. Lo que ellos no sabían (aparte de cómo tomarlas) era que mi papá aprovechaba a entrar en la cocina para hacer sus afamados ravioles de ortigas. Él hacía la masa, el relleno y mi tía, la dueña de casa, el fabuloso estofado.¿Qué si es comestible el temible yuyito? Leo lo siguiente:

“Varios son los beneficios que puede prestar esta simple y urticante planta, es muy rica en sustancias tales como el hierro, magnesio, sodio, azufre, calcio cobre, vitaminas, etc. Una vez  lavada la planta, pierde su acción urticante, o sea que ya no picará.”

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Infusión de ortigas

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Hojas de ortiga

¡Que se cumpla, que se cumpla!: era toda una alegría que aparecieran los “panaderos”, así llamábamos al pompón de semillas del Diente de León. (¡ah, porque si estaba en flor el nombre común era humillante: “Miada de perro”, por ser amarilla).

Con cuidado, con mucho cuidado, pues no era cosa de desperdiciar algún deseo, cortábamos el pompón, in mente pedíamos tres cosas y soplando las semillas decíamos: ¡Panadero, panadero, regálame lo que quiero! O ¡Panadero, panadero, andá a buscar lo que yo quiero!

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Panadero, las semillas del Diente de León

Les Luthiers: mi madre me enseñó a lograr una diversidad de sonidos, fabricándome un sencillo instrumento musical: con una hoja larga, fina de cualquier hierba silvestre (yo sigo eligiendo la de las Lágrimas de la Virgen (creo que su nombre científico es Nothoscordum gracile y no debemos confundirla con el Falso Ajo.

La que yo digo tiene pequeñas flores con  un  perfume exquisito). Siguen las instrucciones:  colocada bien tensa entre los dos pulgares y apoyando con cuidado los labios sobre ella se sopla......ahhh, sí…….mil veces, hasta aprender.

Pero es como la flauta de Pan, seguro que ni siquiera él  pudo hacer música la primera vez que la fabricó.

Toda mi descendencia ya lo logró, si parecemos la familia Trapp, pero con yuyitos entre los dedos, que hacemos silbar mientras caminamos,

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Mi caja fuerte: Juana de Ibarbourou  escribió un poema bellísimo a la higuera:
Porque es áspera y fea;
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.
……………………………………………….
Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido,
en su alma sensible de árbol!
Pues yo la quería no por sus higos, que ni sé si ya los daba, sino porque ella era la celosa custodia de mi apreciado tesoro: su tronco tenía un hueco, a mi altura y yo en él metía confiada mi mano………. ¡nunca me atrapó una araña pollito, que seguro alguna por el inmenso jardín andaba! Y en ese hueco los guardaba. Uno a uno, lavados, cepillados, escondiendo sus destellos de zafiros, esmeraldas, rubíes, de colores tan intensos como vitrales de catedrales medievales. Así eran los trozos de vidrios que yo lograba reunir, ¡bellísimos! Hasta tenía uno de un negro tan profundo, pero no pintado de negro, sino fabricado negro, de un negro grueso e intenso que no necesité ahumar ninguno para ver un esperado eclipse de sol. Y como el cofre del Capitán Garfio, mi tesoro iba aumentado. Pasó el tiempo, pasaron los años y se ve que “en su alma sensible de árbol” la higuera comprendió que la nena ya no lo era, que ya había crecido y que olvidada de su tesoro necesitaba que el alma guardiana de esa higuera lo escondiera celosamente y para siempre. Un día me acordé de mis vidrios de colores y me fui hasta el hueco de la higuera. Ya no existía. La higuera lo había cerrado, tal como hacían los servidores del faraón, ¡inviolable!.

Helicóptero a la vista, las semillas de tipa: Tipuana, tipu tipa,Tipuana tipu, conocido también como Tipa, Tipa blanca, Tipuana, palo rosa, especie  del género Tipuanaárbol de la familia de las Fabaceae, originaria de la Argentina Bolivia: en la ciudad en la que viví de niña hasta mi adolescencia, había una plaza que me gustaba más que las otras y no era solamente por su fuente misteriosa, que no tenía surtidores, sino que vertía suave agua sobre las grandes placas de granito de su centro. Mi padre o mi madre me llevaban allí para que jugara, pues iban también las hijas de las amigas de mi familia, pero a mí lo que me deleitaba era ponernos a juntar las semillas más sanas de las tipas y remontarlas para verlas llegar volando cual helicópteros que movíamos a nuestro antojo y al del viento. Era una plaza bien grande, pero no sé porque se la conocía como “la placita”.  Cuando hicimos nuestros primeros encuentros con mi pretendiente, íbamos a sentarnos a esa “placita”. Y yo seguía levantando alguna semilla para verla revolotear. Hace un tiempo, llevamos a los nietos chicos a una plaza y ¡oh sorpresa!, mi marido (aquel pretendiente) se agachó y les mostró a los chicos cómo descendía la semilla de tipa.
¡Limonero salvador!: en el “fondo del fondo” (jardín en ese entonces era un tanto presuntuoso y lo llamábamos el fondo, pues estaba a partir de donde finalizaba la casa) había un limonero. ¡Adorable! Ya tenía un par de ramas lustrosas, bruñidas, pues era mi chaise longue. Había aprendido a subirme con la agilidad de un mono, me acomodaba entre esas dos ramas y allí desaparecía por horas, pues me había llevado algún libro y yo era por turnos Ayesha, la enigmática protagonista de la novela de  H. Rider Haggard,  o la compañera de aventuras del héroe de Rubiés de Birmania o Atenea leyendo Telémaco (se ve que la paciencia de Penélope ni entonces se encontró entre mis virtudes) ¡Qué fácil era soñar entre las ramas de ese limonero! Pero también era mi propia Suiza, mi refugio, pues si mi madre me corría con la clara intención de darme unos buenos coscorrones, yo lo hacía más rápido, trepaba al limonero y esperaba que se olvidara del castigo.
¿Y qué me dicen de hamacarse? Buscando una sencilla hamaca colgando de una rama gruesa, entré a navegar en Google. ¡Qué sorpresa que me llevé! Las encontré de todo tipo, y ya no como juego infantil, sino como “sedante” para adultos. Una es copia fiel del nido de nuestro boyero (Cacicus solitarius, Cacicus Chrysopterus), otra sorpresa, ver las bellezas que hay de las hamacas que aquí llamamos “hamaca paraguaya”, hasta con instrucciones para acostarse en ella y no morir en el intento, por ejemplo dice un informe informe “Para tumbarnos debemos abrirla y sujetándola con las dos manos, sentarnos en el centro y tumbarnos, terminándola de abrir con todo el cuerpo. La posición más recomendable para el descanso, no es tumbado completamente a lo largo de la hamaca, sino un poco en diagonal. De esta manera la espalda está más recta y el peso está mejor repartido. Aunque ésta es la posición más cómoda, también puedes colocarte de manera totalmente transversal, si el ancho lo permite, o a lo largo para resguardarnos de insectos o del sol.”
 
 
¿Qué si hay más juegos? Y sí, fueron más, pero el que nunca me gustó fue el “deshojando la margarita”. Espero no haberlos aburrido y gracias por la paciencia si es que lograron llegar hasta el final. Grandiflora.
 
Créditos:
http://masquedecoracion.blogspot.com.ar/2012/06/instalar-una-hamaca-en-el-jardin.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Tipuana_tipu
http://visitemosmisiones.com/noticias/plantasmedicinales/la-ortiga-urticante-pero-muy-beneficiosa-para-la-salud/ Visitemos Misiones
 
 

 
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Etiquetas: recuerdosgeneral

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