(Imagen/ Flickr: Liz Henry)
Si deseas cultivar cualquier tipo de plantas, antes debes conocer muy bien sobre el suelo de los jardines. Para poder cultivar correctamente resulta imprescindible conocer bien el suelo. Primero hay que saber que éste es el resultado de la actuación de las fuerzas orgánicas sobre material que no es orgánico.
Para determinar un buen suelo de los jardines, por ejemplo, debe contener todos los elementos nutrientes necesarios para producir el mayor beneficio sobre las plantas.
Entre los principales nutrientes de los suelo de los jardines: el potasio, el nitrógeno, el fósforo, el magnesio, el calcio, el azufre, el carbono, el oxígeno y el hidrógeno. Hay otros elementos que son beneficiosos para el suelo, pero los anteriormente citados son los más importantes y, si las plantas carecen de alguno de ellos pueden sufrir e incluso, llegar a morir
Otra de las peculiaridades del suelo es que muchas formas de vida ayudan a mejorar su mantenimiento como son las lombrices, los caracoles, los insectos, las bacterias, etc. Es conveniente favorecer la estancia de estos seres vivos pero el exceso de los mismos, puede llegar a degradar el suelo. Así, hay que tener cuidado con algunos insectos, que, en algunas ocasiones se presentan en forma de plagas.
(Conoce las plagas más comunes del jardín con este reportaje).
Desde un punto de vista técnico, es importante saber cómo están clasificados los suelos. Esta clasificación está en función de la cantidad de partículas de arena y arcilla que contengan.
Los distintos tipos
- Arcilla: Suelos difíciles de cultivar ya que drenan muy mal y dejan pasar poco aire. La humedad les hace perder homogeneidad y la sequedad les produce dureza.
Suelen tardar en calentarse en primavera. Son densos y ricos en nutrientes.
Para la comprobación: Hay que observar que una muestra resulta ser muy resbaladiza y brillante cuando se le aprieta con los dedos.
(Imagen/ Flickr: Doug NC)
- Arena: Los suelos ricos en arena suelen drenar correctamente y ofrecen mucho aire a las raíces de las plantas.
Son fáciles de cultivar y rápidos de calentar en primavera, pero se suelen secar demasiado pronto y los nutrientes se escapan con suma rapidez.
Para la comprobación: Si un suelo es rico en arena hay que comprobar que, cuando se apriete con los dedos, se sientan sus partículas ásperas.
(Imagen/ Flickr: Aaron Jacklin)
- Cieno: Los suelos con demasiado cieno tienen partículas cuyo tamaño es intermedio entre la arena y la arcilla. Pegajosos y pesados, suelen ser difíciles de cultivar.
Para mejorar su calidad hay que aplicar grandes cantidades de material productor de humus.
(Imagen/ Flickr: jeremysarchet)
- Marga: Este tipo es el ideal para cualquier jardinero. Es el resultado de una mezcla de arcilla, cieno, arena, materia orgánica y nutrientes. Retiene la humedad y los nutrientes, y drena muy bien.
(Imagen/Flickr: LHOON)
- Turba: Está formado por materia orgánica descompuesta parcialmente. Estos suelos suelen ser ácidos. Su principal inconveniente es la dificultad de drenado.
La construcción de formas de drenaje artificiales mejora su calidad.
(Imagen/ Flickr: Jonh S Conway)
- En este reportaje te mostramos un truco para cuidar el suelo: el mulching.