Mulching o acolchado: protegiendo los cultivos
Sección: diseno jardines | Autor: Redacción/facilisimo.com | Leído: 3.637 |Comentado: 0

Utilizado durante décadas en la agricultura tradicional y últimamente reivindicado como parte de la xerojardinería o jardinería de bajo mantenimiento, el mulching es una técnica muy conocida que consiste básicamente en cubrir el suelo con distintos materiales, evitando así que el terreno quede expuesto al contacto con el aire. Aparte de las ventajas que ofrece desde el punto de vista del cuidado del cultivo (un suelo sin cubrir requiere más atenciones), también ofrece enormes posibilidades ornamentales en el diseño de jardines.
El mulching se traduce habitualmente como acolchado. Esto es, se trata de abrigar el suelo, protegiéndolo tanto de las heladas en invierno como de la evaporación de agua en verano, pero también del ataque de las malas hierbas, entre otras ventajas. Para ello, se recurre a distintos materiales, orgánicos o inorgánicos, generalmente con un espesor variable que oscila entre los 5 y 10 cm, que es lo que denominamos mulch.
"Las ventajas más importantes de esta técnica son que aumenta la retención de agua en el suelo, disminuye el efecto de las heladas en la planta, evita la proliferación de malas hierbas y la competencia radicular, enriquece el terreno y disminuye las labores de mantenimiento", nos explican desde Arte y Paisajes Urbanos S.L.
Entre los acolchados inorgánicos podemos nombrar los plásticos, un sistema muy común en la agricultura. Gracias a ellos el terreno de cultivo queda a salvo de las inclemencias del tiempo, mantiene la humedad y se fomenta el desarrollo y conservación de la planta y sus frutos. Eso sí, no todos los plásticos valen para lo mismo: por ejemplo, los que son transparentes dejan pasar la luz, lo que aumenta la temperatura de la plantación y favorece su desarrollo. Por su parte, los de color oscuro suelen ser efectivos para impedir que prospere la maleza.
Más adecuados para el diseño de jardines y el paisajismo son las piedras y rocas: los distintos tipos de gravas, marmolinas y gravillas ofrecen protección y, además, muchas posibilidades decorativas, gracias a las distintas formas y colores que podemos encontrar en el mercado. El negro de la puzolana (roca volcánica desmenuzada), por ejemplo, puede ejercer bonitos contrastes con las plantas, o en combinación con gravas blancas o rojas.
La ventaja de los inorgánicos frente a los orgánicos es que los primeros se mantienen en perfectas condiciones durante largos periodos de tiempo. Sin embargo, los segundos tienen a su favor que enriquecen el terreno a medida que se descomponen, lo que supone una inyección de nutrientes para el suelo.
Cortezas y virutas de madera constituyen el mulch orgánico que ofrece una descomposición más lenta, lo que aumenta su durabilidad. Además, pueden plantear interesantes combinaciones en cuanto a decoración, imprimiendo un aire rústico a los parterres. Otra alternativa es la paja, una opción muy recurrente en los huertos.
Aunque también se pueden considerar acolchados, no vamos a abundar aquí en opciones como la turba, estiércol o mantillo, recursos de sobra conocidos por los amantes de la jardinería, con numerosas ventajas para el desarrollo de las plantas (especialmente en cuanto a enriquecimiento del suelo), aunque menos interesantes en cuanto a diseño y paisajismo.
No olvides que los distintos tipos de mulch se pueden combinar entre sí para ganar en belleza ornamental y en protección. De hecho, es muy frecuente recurrir a todo tipo de material vegetal para preparar buenos acolchados que protejan a los cultivos de los cambios bruscos de temperatura típicos del invierno. Por ejemplo, las mezclas de corteza, hojas, ramas y turbas dan como resultado excelentes abrigos para nuestras plantas.
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