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Vegetales insólitos: las plantas carnívoras

Suelen crecer en áreas pantanosas

Son muchas las películas y novelas de ciencia ficción que describen las plantas carnívoras como vegetales monstruosos capaces de devorar a personas. Lejos de ser experimentos genéticos o seres de leyenda escondidos en selvas ecuatoriales, son especies que poco a poco se están introduciendo en los jardines y los hogares, no sólo por su belleza, sino, sobre todo, por la curiosidad que suscitan en los amantes de las plantas. Además, tienen gran interés científico, porque siendo vegetales, actúan como cepos.


Las plantas carnívoras suelen crecer en áreas pantanosas y lugares con suelos pobres, con escasez de nutrientes minerales. La naturaleza obligó a estas especies a adaptarse al medio, así que los nutrientes no los obtienen del suelo, sino de pequeños animales, generalmente insectos. Las plantas carnívoras han desarrollado la capacidad de atraer a los insectos a sus órganos aéreos, que están adaptados para atraparlos y convertirlos en sustancias que puedan 'digerir'. Los órganos que utiliza la planta para atraer a los insectos son generalmente muy atractivos: ya sea por el color, el olor o el sabor que producen.

Una planta normal, para realizar la fotosíntesis, toma del aire el dióxido de carbono y, mediante la clorofila, elabora sus hidratos de carbono. Por otra parte, los minerales, sobre todo, el nitrógeno, el fósforo, el calcio o el potasio los obtiene del suelo a través de las raíces. Sin embargo, las plantas que sobreviven en suelos pobres tienen que utilizar métodos insólitos para sobrevivir. Algunas se convierten en parásitos y toman esas sales directamente de la savia de otras plantas, otras, como el caso de las plantas carnívoras, obtienen los nutrientes de presas que digieren vivas, al igual que como alimenta un animal.

 

Un medio hostil en el que crecer
La mayor parte de las especies carnívoras viven en suelos arenosos, húmedos y ácidos, pobres en minerales. Un medio natural tan hostil como éste obligó a las plantas carnívoras a evolucionar hacia la alimentación a base de insectos. Sin embargo, una planta carnívora, al igual que una normal, no puede vivir en la oscuridad o sin dióxido de carbono, porque gracias a la luz y a la función clorofílica es como produce los hidratos de carbono que necesita.  

La evolución ha provocado que estas plantas ahora sólo sean capaces de vivir en suelos pobres. Así, si ponemos especies carnívoras en medios artificiales con muchas sales minerales, su desarrollo tampoco será satisfactorio. Sus raíces son muy débiles y poco útiles para obtener sales.

 

Órganos de captura
En el caso de las plantas normales, la mayoría desarrollan flores como la mejor forma de atraer a los insectos. Muchos de ellos, seducidos por el intenso aroma y los vivos colores, quedan atrapados en las flores. En este caso su función es, una vez impregnados de polen, transportarlo a otras flores para fecundarlas. En esos sistemas hay órganos sensibles que notan cuando un insecto se posa y que provocan movimiento en otros órganos que cierran la trampa que lo apresa y que lo impregna en polen.  

En las plantas carnívoras, los órganos de captura forman por la adaptación de las hojas. En cada especie, la evolución es diferente. El caso más sencillo es el de las pinguiculas, que son ejemplares que nacen y se desarrollan en pantanos o en suelos áridos y pobres. Las hojas de esta planta segregan una sustancia donde se quedan adheridos los insectos. A continuación, las hojas se curvan para hacer llegar el insecto a los órganos que se encargan de digerir.

La drosera es una planta pequeña con hojas en forma de corona pegadas al terreno. La forma de atrapar a las presas es mediante unos tentáculos pegajosos que cubren las hojas. A continuación la hoja se enrolla alrededor del insecto y se digiere.

De las zonas pantanosas del estado de Carolina, en Estados Unidos, proviene la dionaea miscipula o "atrapamoscas". Su imagen es la más conocida entre las variedades de plantas carnívoras: sus hojas tienen dos lóbulos cada una, con espinas en los bordes y pelos perpendiculares sobre el lóbulo. Cuando notan un insecto, los lóbulos actúan como un cepo, plegándose a través de la bisagra que los une. Las hojas permanecerán cerradas mientas dure el estímulo químico que producen las excreciones del insecto vivo o la digestión del mismo.

 

Otras trampas
Otra forma de alimentarse es desde el agua: la utricularia es una planta acuática con vesículas de algunos milímetros. Si un animal cae en los pelos sensibles de su boca, la planta realiza un proceso de succión por el que la presa se queda encerrada en la vesícula.  

Una variedad diferente de trampa son las que tienen las plantas 'pasivas': mediante depósitos alargados que parecen flores, con colores vistosos y néctar suculento atraen a sus presas. Pequeños pelos llevan a los insectos hacia las paredes resbaladizas para caer en un líquido que llena el fondo de la urna. Una vez que quedan hundidos en esta sustancia, son digeridos lentamente.

La digestión de estas especies sería imposible sin la acción de pequeños microorganismos que viven en las plantas y que producen unas enzimas necesarias para el proceso de alimentación de las plantas.

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