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TE MURMURA MI RECUERDO INVERNAL OSCURO Y ...

Has pasado de noche por un bosque invernal?

Yo si. Con luna llena enorme iluminando las sendas casi impenetrables... dejando la imaginación salvaje y descontrolada...
Has escuchado tus pisadas en la nieve?
Oído el crujir de los árboles?
Percibido el silencio sepulcral suspendido encima de la espesura de los abetos?
Tocado troncos helados y dormidos?
Yo si, son las sensaciones extraordinarias y únicas.
Las echo mucho de menos.

Los inviernos llenos de nieve son algo mágicos. No hay apenas hojas verdes a la vista.

Algún que otro fruto rojo o negruzco apenas visible atrae la atención de un pájaro nocturno; o de un roedor osado escarbando en la busca de frutos caídos.
Todo esta medio oculto, arropado con un manto esponjoso, blanco y mudo.
Las ramas gimen bajo el peso de los almohadones níveos.Parecen espectros acechando en la penumbra...

Los duendes quizá guían a los ciervos a buscar algo de pasto ya amarillento y seco.



Está todo en silencio?
Murmullos de ramas; como quejándose del frío que las abraza. Pisadas tan ligeras y sutiles de algún animal intrépido entre árboles desnudos.
Algo escarbando entre los arbustos.

Ulular estremecedor de un búho; invisible, pero su presencia por el sonido tan característico es percibida por los que oyen. Aleteos repentinos que cesan al momento.



Desearía poder volver dar un largo paseo en una noche rebosante de una nieve esponjosa, escuchar el silencio embotado...

Por un bosque; mejor aún. Con la luna persiguiéndo las sombras creadas por su luz fantasmal.
Adentrarse un una arboleda diversa de noche es inquietante para la mente con la imaginación desenfrenada.

Ves cosas que no son, ramas como unos brazos agachándose despacio y volviendo hacía arriba. Sientes palpitar el corazón y casi escuchas el ruido de tus propias pulsaciones...

Te apetecería acompañarme en este paseo?
Respirarás aire puro; desearás un abrazo cálido para entibiar las manos congeladas.
Y caldear el corazón insensible...

Cuando no consigues dormir; das mil vueltas en la cama... te levantas, miras por la ventana, miras el teléfono...


Sal pues; pasea, despeja la mente en un entorno boscoso, frío, inhóspìto aparentemente...

Puedes ver tantísimas estrellas en un cielo despejado, tan lejos de tus inquietudes, tan ajenas a tus insomnios. Te acompañan con sus parpadeos continuos, con sus explosiones sin ruido, como tus temores; invisibles y silenciosos..
Te escolta el fantasma de tus actos. No dejas de pensar, deseas alguna presencia a tu lado.
Te permites dudar durante unos segundos.

(No tienes miedo, los seres que habitan en el bosque te temen más a ti).

Estas absorto en tus pensamientos, incomodo quizá que no te abandonan.

Puede que veas un destello fugaz; puede que sea solo un pensamiento escapando, eres firme en tus convicciones... sin embargo... hay algo en la oscuridad de rincón de tu alma que no te deja en paz...
Y no es la negrura opaca friamente iluminada de la Noche Lunática...
Es lo que llevas dentro de ese rinconcito.
Como todos y cada uno de los seres; no se libra ni el mejor de ellos.
Pero nadie lo quiere reconocer.
Es un recoveco diminuto que esconde dudas temerosas, sentimientos malvádos, sentimientos egoístas, las mentiras y rumores susurrantes y errados.

Sales de noche, reflexionas, cavilas, te concentras, crees entender, planeas, consideras, supones, sospechas...

Y sigues igual..

Como las tinieblas umbrías, siguen serpenteantes, se deslizan lentamente a ras de suelo congelado en busca de quien confundir con sus bailes sinuosos...así fluyen tus cavilaciones, serpentean, tiemblan, se deslizan sigilosas.
El viento silba entre las ramas, oyes unos susurros incomprensibles... se alejan, se acercan, te confunden..
Tienes dudas, incertidumbre te asalta sin que tu lo puedas remediar?



Ya amanece.
Se recoge la Luna.
Las sombras proyectadas por los árboles se difuminan hasta desaparecer por completo.
Tu estás respirando pausadamente.

Te ha gustado el paseo.

Descubres los silenciados voces en tu interior.
Nadie escapa de ellas.
Te hacen sentir, pensar, palpar, acariciar... las ideas y propósitos.



Palabras sueltas que te recuerdan algo que te molestó.
Allí están. Muy en el fondo de ese recoveco tan oscuro de algo llamado alma. Se te pasan por la mente tan rápido que dudas que han sucedido.

Ves esa lucecita de la casita? Intenta llegar a ella...






Ven aquí. Ven que te espero. Ven a por mí. Vuelve, que ya rompo yo tu hielo. Mónica Carrillo (Microcuentos)




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