Sección: diseno jardines | Autor: Redaccion/facilisimo.com | Leído: 17.558 |Comentado: 0
Gracias a la erosión de la tierra y a la actividad de los seres vivos la corteza exterior de la tierra se ha convertido en lo que conocemos como 'suelo', que constituye la base fundamental para el crecimiento de las plantas. El tipo de sustrato, la estructura y el abono juegan un papel esencial en el desarrollo de las especies que poblarán el jardín. De hecho, dependiendo del suelo, así elegiremos unas variedades u otras. En realidad, la mayoría de plantas pueden crecer en cualquier parte, sólo que algunas están más a gusto en unos terrenos que en otros.
El suelo constituye la base principal sobre la que se asienta una planta y si un ejemplar no está en su sitio adecuado nos lo hará saber en un futuro no muy lejano. Normalmente, esa planta crece y florece peor que otra de la misma variedad que sí se encuentra en el lugar apropiado. No obstante, cuando compramos una planta que no resulta muy acertada para el tipo de suelo del jardín, siempre es posible adaptar la tierra a las necesidades de la nueva adquisición. Por ello, todo jardinero deberá conocer el tipo de terreno antes de llevar a cabo el cultivo.

Como la tierra arcillosa retiene muy bien el agua, casi no hace falta regar. Por otra parte, en períodos lluviosos, el agua se quedará en la superficie. Si se riega en exceso o llueve demasiado puede encharcarse y tener un mal drenaje. En esos casos, no se debe pisar el suelo y hay que dejar que el agua baje por sí sola. Pero no todos los suelos tienen un mal drenaje. A pesar de ello, los terrenos arcillosos tienen mayor fertilidad potencial que otros tipos de tierra, pues pueden proporcionarle a las plantas mayor cantidad de nutrientes.

Para un buen crecimiento de las especies del jardín es, por tanto, deseable abonar por lo menos cada primavera para subsanar las pérdidas de nutrientes que se producen en las raíces por el arrastre de minerales que lleva consigo el riego abundante. En caso de cultivos de crecimiento vigoroso, se vuelve a echar un poco de abono en mayo y junio. Lo ideal es enriquecer el sustrato con fertilizantes que demoren su disolución y permitan que la raíz los absorba poco a poco. De este modo, la pérdida en cada riego será mínima.

Por otra parte, debemos recordar que un suelo sano es un suelo vivo y activo. Es decir, un suelo donde hay lugar para diferentes bacterias, mohos, insectos, gusanos, pero también para algún ratón o topo, por ejemplo. Esta vida subterránea es necesaria para conseguir y mantener un suelo suelto, fértil y sano. La enorme variedad de seres vivos que habitan en el subsuelo, donde convergen una serie de minúsculos y desconocidos seres vivos, es vital para el futuro ecológico del planeta.

¿Hay mucha cal en el suelo? Entonces el pH es superior a 7. A un suelo con poca cal se le llama suelo ácido: el valor del pH es inferior a 7. En un suelo neutro el pH es aproximadamente 7. La mayoría de las plantas prefiere crecer en un suelo neutro o algo ácido. Algunas plantas, como por ejemplo el brezo, el rododendro y la azalea, prefieren que sea muy ácido. Con una pequeña prueba, podemos determinar fácilmente el grado de acidez de su suelo.
Un terreno demasiado ácido se abona en otoño con cal. Ésta ayuda a mantener una buena estructura y una vida sana del suelo. Además, este elemento hace que se libere nutrición para la planta. Por otra parte, para la mayoría de las plantas no es bueno un exceso de cal; usaremos en estos casos fertilizantes ácidos y turba para corregirlo.
Etiquetas: humus, nutrientes, orgánico, suelos, ácido
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