Amanita phalloides
Es la más conocida por los casos de muerte, se trata de una amanita muy variable en cuanto colores y tamaños. Su principal confusión viene por cogerla en la fase huevo pensando que es una Amanita caesarea. Si distingue por su sombrero color verdoso principalmente, en ocasiones con restos de la volva. Sus láminas son blancas, libres, anchas y ventrudas. El pie se ensancha a medida que va hacia la base y dispone de fibrillas jaspeadas a su alrededor. El anillo es blanco y persistente y cuelga como una faldita. La volva es sacciforme y amplia.
Sus toxinas actúan sobre el hígado y los riñones provocando un fallo hepático lento y difícil de identificar, que se le conoce como síndrome faloidiano.
Otra de las que más intoxicaciones provoca aunque sin llegar a la muerte, también se confunde con la Amanita caesarea aunque se debe principalmente a la decoloración del sombrero rojo a tonos anaranjados y perdiendo sus característicos puntitos blancos.
La Amanita pantherina también provoca un gran número de intoxicaciones, al igual que la Amanita muscaria tiene el sombrero marcado con puntitos y es de color grisáceo. Su cutícula es fácilmente separable, el margen de este es redondeado, muy estriado y concoloro. La característica que la hace más reconocible es su anillo blanco, tipo faldita, membranoso, persistente y algo estriado situado a media altura del pie.
Es la más temida por el Sur de la Península ibérica y Extremadura, se confunde con el Gurumelo (Amanita ponderosa). Tiene un porte similar a la Amanita phalloides y solo aparece en primavera, así se puede confundir con ejemplares jóvenes de gurumelos o champiñones.
Es muy tóxica y se puede confundir con champiñones por tener un color blanco aunque su mal olor puede ser indicativo que estamos ante esta seta. Se caracteriza por tener una especie de escamas en sombrero y pie y un sombrero con una especie de joroba que le da una presencia deforme. El anillo es algodonoso.