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Errores al plantar en el jardín árboles, arbustos y plantas

Este artículo es original de Fernando PGARDENS de Personal GARDEN Shopper

22. Errores al plantar en el jardín árboles, arbustos y plantas.



La enorme variedad de árboles y arbustos disponibles puede confundir a cualquiera que quiera construir un jardín sin dejarse condicionar por las modas y las manías propias de nuestra época. La elección de los árboles y los arbustos que se pondrán en el jardín depende sobre todo de la superficie disponible y su configuración, de la exposición y de parámetros de fundamental importancia, como el clima y el suelo. En los jardines demasiado pequeños no se aconsejan árboles de crecimiento rápido y frondoso; en los grandes, encontrarán espacio las especies exuberantes y majestuosas que, con el tiempo, configurarán cada ángulo particular del jardín (cedro del Líbano, castaño de Indias, magnolia, haya, etc.).

El error principal, de todos modos, es querer colocar a toda costa en el propio jardín alguna rareza botánica de proveniencia exótica que, además del alto costo inicial, siempre implicará grandes gastos de mantenimiento, debido a las dificultades de crecimiento, desarrollo y alimentación de la planta, y también a nuestra incapacidad para seguir las técnicas correctas de cultivo, a causa de nuestro desconocimiento.

Siempre aconsejamos los árboles de la flora autóctona que viven en sintonía con el terreno y el clima y que, gracias a las selecciones particulares de los especialistas, pueden encontrarse con variaciones en el color y la forma de las hojas y de las ramas (colgantes, retorcidas), satisfaciendo casi todos los deseos de novedad y rareza.

También en el caso de los arbustos de flor o de hoja, la elección dentro de la flora local debe preferirse por la variedad de las formas de las matas, por la riqueza de color de las flores, por el brillo y la persistencia de las hojas y, además, por la resistencia al frío, a la sequedad, al viento, etc.

1 Es un error escoger plantas exóticas.

Muchísimas plantas que ya forman parte de nuestro paisaje son originarias de países extranjeros, aunque se hayan aclimatado con mucha facilidad y rapidez. Es el caso, por ejemplo, de la robinia, proveniente de América, de las acacias australianas, de las palmeras, de las pitas, de los hibiscos, de las tuyas y araucarias, que ya han pasado a formar parte de la flora local.
Cuando hablamos de especies exóticas, por lo tanto, nos referimos a la nueva generación de árboles y arbustos que la actual red comercial permite transportar de un país a otro y que, al llegar al nuestro, han llamado la atención de muchos especialistas.
El costo elevado, el escaso tiempo de cultivo en el vivero, el poco conocimiento de las técnicas de cultivo y de los enemigos naturales, la incerteza sobre la respuesta de estas plantas ante patologías y parásitos de nuestras regiones y, en general, su capacidad de adaptación son factores que inducen a desaconsejar la elección de plantas exóticas para
nuestros jardines.


2 Es un error escoger plantas de desarrollo no adecuado a las dimensiones del jardín.

Ahora ya no es posible, exceptuando algunos casos afortunados, crear junto a la casa jardines con dimensiones de parques, en especial en las ciudades. La mayoría de las veces hay que limitarse a destinar al jardín superficies pequeñas O medianas en las que se podrá plantar una vegetación arbórea, arbustiva y herbácea que no perjudique las exigencias de habitabilidad. Plantas de crecimiento demasiado rápido, con copa voluminosa e imponente, colocadas cerca de la vivienda, pueden crear condiciones peligrosas y molestas.
El efecto estético de un gran árbol en un jardín pequeño resulta desproporcionado y embarazoso, e impide la visión de la casa. Por eso son preferibles árboles de forma cerrada, piramidal (por ejemplo, entre las latifolias, Quercus ilex, Populus italica, etc., y entre las coníferas, Cupressus, Thuya, Juniperus) 0 espigada y colgante (como Betula, Carpinus, Fagus, Fraxinus, Sophora, Quercus, Ulmus, etc.) o, directamente, plantas enanas (por ejemplo, pinos mugos, acebos japoneses, etc.), que también pueden estar aislados en medio de un césped pequeño.
En un jardín de dimensiones medianas es posible recurrir con mayor libertad a la amplia gama de las especies ornamentales, aunque sea preferible plantar más de un árbol de la misma especie (al menos grupos de tres), pero con características diferentes (formas, colores, tonalidad de las hojas…).
En los jardines grandes se debería reservar al menos un ángulo para alguna especie imponente aislada (Cedrus libani) o para especies diversas agrupadas que formen un bosque (tres o cuatro hayas, plátanos, castaños de Indias, magnolias, etc.).

3 Es un error seguir un esquema geométrico en la disposición de los árboles y las plantas.

No se trata sólo de modas o de épocas: jardines en escuadra, con plantas dispuestas en hileras, a la misma distancia, con alturas decrecientes, constituyen un paisaje artificial que no se encuentra en la naturaleza; en ella conviven plantas diferentes en un orden aparentemente casual. Otra característica negativa de este jardín es que quita toda posibilidad de jugar con arriates, arbustos, anuales, que estarían limitados a un ámbito restringido y que, en el periodo de máximo esplendor, no destacarían como merecen. En un jardín más natural hay más posibilidades de conseguir ambientes diversos según las estaciones: en primavera-verano con los arriates floridos, en otoño con las variaciones cromáticas de las hojas de los árboles y de los arbustos, en otoño-invierno con los frutos variopintos de las matas o con las plantas perennes.


4 Es un error no tener en cuenta el desarrollo futuro de las plantas, la posibilidad de que los árboles vecinos se obstaculicen al crecer.

No es oportuno plantar ejemplares grandes; por lo tanto, hay que evaluar bien la futura expansión de la copa para delimitar el área de desarrollo e impedir que los árboles vecinos sufran por el crecimiento y el desarrollo de las raíces de la planta que tienen al lado.
Por eso será necesario ubicar en posiciones similares árboles que tengan la misma conducta, la misma velocidad de crecimiento y exigencias parecidas de luz y de nutrición, a una distancia que no impida el desarrollo de uno a expensas del otro y para que no se creen intersecciones no previstas entre ramas y raíces.
En jardines recién plantados y en los que la vegetación se presenta un poco rala, mientras se espera que las copas se extiendan, algunos especialistas aconsejan plantar un número mayor de ejemplares, algunos de los cuales podrán ser eliminados en los años siguientes, cuando el jardín haya alcanzado el aspecto deseado.

Aparte de los gastos que esto conlleva, puede suceder que, con el paso de los años, en el momento de retirar o de cortar esas especies, la visión de conjunto de los árboles restantes no nos satisfaga, debido a alteraciones en el desarrollo de las partes aéreas. Por lo tanto, es mejor esperar con paciencia algunos años hasta que la vegetación adquiera y su aspecto definitivo y evitar plantaciones excesivas.

5 Es un error no disponer la vegetación en función de las características de la casa.

Como ya hemos dicho, no es oportuno plantar árboles cerca de la casa, porque podría acarrearnos bastantes inconvenientes. La vegetación, con el desarrollo de las raíces, podría dañar los cimientos o las instalaciones de desagüe, mientras que la parte area podría crear problemas de luz y aireación, así como favorecer la presencia de insectos en las cercanías de la casa. Además, con la caída de las hojas se podrían atascar los canalones, con el consiguiente estancamiento del agua e infiltraciones en la buhardilla. Las mismas hojas caídas en los caminitos O en el acceso a la casa pueden pudrirse y volverse resbaladizas. También las ramificaciones pueden causar daños cuando ceden de golpe por acción de un viento fuerte o por el peso de la nieve. Por otra parte, también el crecimiento de las plantas queda afectado por la excesiva cercanía de la casa: no es raro encontrar ramas torcidas o y demasiado delgadas y alargadas, que crecen buscando la luz, O un desarrollo irregular de las ramificaciones.
Una vez mantenidas las distancias correctas, hay que considerar el aspecto estético; así, por ejemplo, las construcciones elaboradas requieren una vegetación de formas lineales y geométricas; las plantas altas de forma piramidal son adecuadas para casas bajas, y las formas enanas, colgantes, retorcidas, para casas de gran altura.


6 Es un error agrupar árboles y arbustos de la misma especie sin respetar las distancias.

En los espacios bastante ventilados es preferible plantar más de un ejemplar de la misma especie. Sin embargo, hay que tener presente que, incluso aunque queramos que con el tiempo las ramas se unan para formar una copa única, el buen crecimiento y el desarrollo uniforme de todas las plantas dependen esencialmente de la posibilidad de iluminación y de aire. Las robinias umbraculíferas, las sóforas, las magnolias y hayas, en los primeros años de desarrollo, deben tener la posibilidad de crecer autónomamente, fortalecerse, formar una estructura amplia que les permita mantener una autonomía de crecimiento propia, incluso cuando sus dimensiones sean imponentes. Respetar las distancias aconsejadas por los especialistas para cada tipo de árbol y de arbusto significa, sobre todo, tener plantas más sanas, más frondosas y de dimensiones semejantes. A distancias más cortas la falta de aire y de luz favorece las enfermedades, y con frecuencia un tronco llega a dominar al resto de las plantas circundantes. Como regla general, conociendo el ancho que alcanza la copa en la madurez, la distancia entre un tronco y otro debe ser igual a la suma de las dos medias copas.

7 Es un error, al plantar, no considerar la edad de los árboles que se colocan.

Actualmente, la tendencia es tener un jardín ya habitable en el momento de poner las plantas. Por eso se escogen árboles ya adultos, voluminosos, que llenan el jardín en poco tiempo, sin tener que esperar varios años. Prescindiendo del importante costo de los árboles ya adultos (10, 12, 15 años), aunque estén bien preparados, embalados y sean enviados con abundantes panes de tierra, se corre un gran riesgo: cuanto más vieja es la planta, más peligrosa es la crisis del trasplante.
Las grandes dimensiones, por lo tanto, requieren trabajos más exhaustivos para la excavación de los pozos y largo periodos de apuntalamiento para evitar la caída de los árboles a causa de fenómenos atmosféricos adversos. Por otra parte, poner árboles demasiado jóvenes, además del tempo prolongado de espera del crecimiento, deja una sensación de vacío que impide gozar del placer del jardín. Si, además, se han elegido plantas de crecimiento particularmente lento, los tempos de espera para obtener un jardín aprovechable se dilatan mucho.
Lo ideal es plantar árboles jóvenes de una altura no superior a 3-4 m y con un diámetro del tronco en torno a los 10-15 cm. Son las plantas que menos sufren por el trasplante y los cambios bruscos de temperatura (hielo si se plantan en otoño, demasiado calor si se plantan en primavera). Estas plantas de vivero necesitarán, al menos, entre tres y cinco años antes de ofrecer una visión agradable del conjunto del jardín y la belleza que imaginamos en el momento del proyecto. Entre tanto, sin embargo, habremos tenido la posibilidad de ver día a día la adaptación, el desarrollo, el crecimiento de las plantas que poco a poco llenarán todos los rincones.


8 Es un error no respetar la distancia de los límites.

Las plantas que se ponen cerca de la propiedad del vecino deben colocarse a la distancia preestablecida por las normas legales para impedir que las raíces, las ramas ola sombra provoquen daños. Las prescripciones legales, Si no hay reglas locales, indican que las distancias deben ser de:

3 m para árboles de tronco alto;
1,5 m para árboles con ramificaciones que parten de alturas inferiores a los 3m,
0,5 m para setos, arbustos, frutales no más altos de 2,5 m;
1 m para setos divisorios que se podan periódicamente;

La presencia de una pared divisoria anula estas directrices siempre que la altura de los árboles y los arbustos no sea superior a la de la pared.


9 Es un error plantar árboles y arbustos desprovistos de su pan de tierra.

En la actualidad, en los viveros, raramente se comercializa material vegetal a raíz desnuda por los inconvenientes obvios que se producirían en las fases posteriores al trasplante.
Una pequeña cantidad de tierra bien protegida en torno a las raíces ofrece la ventaja de prolongar el tiempo de comercialización del árbol y ayudarle a superar el periodo crítico posterior a su plantación. Las raíces envueltas en el pan de tierra siguen trabajando y mantienen la planta en mejores condiciones de vitalidad; los riesgos de daños debidos al transporte serán menores y las enfermedades, menos frecuentes. En el caso de especies costosas O sensibles al trasplante, debería ser obligatoria su comercialización en panes de tierra protegidos o en contenedores de plástico, de madera o de red, que permitan plantarlas incluso en periodos no habituales. El pan de tierra deberá mantenerse constantemente húmedo y las plantas se conservarán en un lugar fresco y al abrigo del sol. El terrón deberá apoyarse sobre una capa de mantillo uniformemente desmenuzado, que cubrirá una buena dosis de estiércol y de abonos minerales extendidos previamente en el fondo del hueco.
Esto sirve para evitar que se quemen las raíces, que, incluso con el pan de tierra, se expanderán con rapidez.


10 Es un error no conocer el tipo de fructificación de los árboles elegidos para el jardín.

En la elección de los árboles, con mucha frecuencia no se tienen en cuenta todas las fases fenológicas, de modo que sólo se advierte el error cometido en el momento de la maduración de los frutos. Es típico el caso de las raras plantas dioicas, es decir, aquellas que presentan ejemplares con flores masculinas y otros con flores femeninas y, por lo tanto, frutos.
Un chopo hembra producirá, en el periodo de la diseminación, los molestos plumones, apéndices que la planta utiliza para esparcir sus propias semillas.
Otro caso clásico es el del Ginkgo biloba hembra, que produce frutos del tamaño de una ciruela que, si se pisan una vez caídos, contaminan el aire y el ambiente circundante con un olor desagradable. En cuanto a las plantas hermafroditas no es agradable, por ejemplo, recibir en la cabeza las castañas del castaño de Indias o vivir, en los días del florecimiento, rodeados por una nube de abejas o de otros insectos, porque se ha escogido una planta melífera que se ha instalado cerca de la casa (por ejemplo, arces, castaños de Indias, abedules, árboles de Judas, nogales, fresnos, laureles, liriodendros y ciruelos, robinias, tilos, etc.).


11 Es un error mezclar plantas de hoja perenne con plantas de hoja caduca.

Se trata de una cuestión esencialmente estética. Entre las disonancias más notables, a parte de colocar árboles con comportamiento y formas contrastantes, está el error de acercar especies de hoja perenne a las de hoja caduca. El relieve que los grupos de árboles de hoja caduca podrían tener en algunos periodos del año (coloración otoñal de las hojas) puede perderse ante la presencia de las coníferas. Por otra parte, las coníferas tienen su mejor momento durante el invierno, cuando la falta de vegetación en el entorno hace resaltar más la majestuosidad de su porte y de su color. En la medida de lo posible, hay que reunirlas en grupos homogéneos y no permitir que las ramificaciones desnudas de las plantas de hoja caduca entorpezcan su vista.


12 Es un error poner las plantas y los arbustos a una profundidad distinta de la que tenían en el vivero.

El punto en que el árbol afloraba del terreno en el vivero es fácilmente reconocible por su coloración diferente. En el momento de colocar el árbol en el pozo con su pan de tierra conviene controlar que este punto, el cuello, esté al nivel de la tierra: si queda más alto conviene hacer más hondo el pozo; si queda más bajo es mejor añadir más tierra bajo el pan.
Una vez dispuesto el árbol en posición erguida, es conveniente adosarle un tutor que lo mantenga en la posición perpendicular exacta con el terreno, para evitar que la acción conjunta de la instalación y del viento haga que se incline. Luego se procede a llenar el agujero, apisonando repetidamente la tierra en torno al tronco para que así se adhiera a las raíces. Por último, hay que regar abundantemente y seguir haciéndolo en los días sucesivos. Es indispensable una pequeña poda de la copa para distribuir mejor las ramificaciones y estimular el desarrollo de los brotes.

13 Es un error no practicar unos cortes en las raíces de las plantas que se colocan sin pan de tierra.

Son cada vez menos comunes las plantas que se comercializan a raíz desnuda, pero las menos valiosas y más difundidas todavía se venden así. En este caso, antes de plantar conviene cortar un poco las raíces más gruesas y eliminar las que están secas o dañadas, cortando por debajo de la vegetación sana para impedir el desarrollo de bacterias tumorales o que marchitan.

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